lunes, 7 de septiembre de 2015

Pedro Arranz




A Pedro le conocí un día dando un paseo por el pueblo, estaba a la puerta del corral con sus cabras, había perdido unas llaves y me quedé a ayudarle. Al rato, tras una preocupación considerable por su parte, conseguimos encontrarlas en los alrededores.

Se puso muy contento, y aunque la comunicación con él no es fácil, acabamos en su bodega, donde me invitó a una cerveza y unas pastas, que días más tarde me enteraría que sigue haciendo él en el obrador de Olombrada.



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